Era 24 de marzo de 1976. Faltan menos de 3 meses para mi cumpleaños 17. Me levanto temprano como todos los días encarando el colectivo 7 desde el cementerio de Flores hasta Piedras y Rivadavia en pleno centro. Me doy cuenta que algo pasaba, que no era un miércoles como los demás, veía menos gente en las calles, y me llamaba la atención.

Cuarenta minutos tardaba normalmente en llegar a destino. Ese día fueron unos cuantos menos. Recorro, sin prestar atención a mi alrededor, las cuadras hasta llegar a las oficinas en Avda. de Mayo y Perú. Realmente no prestaba atención, porque de hacerlo hubiera advertido la semejanza con un día de fin de semana. Calles prácticamente sin gente.

Al llegar a la esquina de Avda. de Mayo y Chacabuco unos soldados cortan el paso. 

“Uy, pasó algo en mi edificio” – pensé.

Vale aclarar que donde trabajaba unos pisos más arriba se encontraba la embajada de la Soberana Orden Militar de Malta.

No, nada de eso. Hoy hay asueto me dice el soldado. Y pego la vuelta. Y algo no me está gustando. Y veo gente contenta, sonriente. Y, aunque cueste creerlo, eso me intranquiliza.

Ya en el colectivo de vuelta a casa la radio del chofer me aclara el panorama. Ya no gobierna María Estela Martínez de Perón. 

A decir verdad, la ex presidenta no era de mi agrado. Un poco, quizás, por mis ideas socialistas, y otro poco pensando en las nefastas personas con las que se rodeaba.

Aunque claro, esto no era todo responsabilidad de ella. Muchos de estos personajes fueron heredados del mandato de su marido, que a esta altura no tenía los reflejos de aquellos años de juventud para elegir a sus asesores.

Pero aunque el gobierno no fuera de mi agrado sentí un escalofrío, tenía un presentimiento de que se venía algo bravo. Mi única experiencia con las dictaduras (que más o menos recordara, por supuesto) había sido el gobierno de Lanusse. A la que, después de lo que vino, bauticé “dictadura light”.

No me equivoqué. Ese día fue el comienzo de lo más oscuro de la historia Argentina.

Un trozo de nuestra historia donde un grupo de cobardes asesinos se apoderaron del país, destruyeron su economía, torturaron, mataron, desaparecieron personas y se robaron bebés, quitándoles el derecho fundamental de conocer su identidad.

No expondré en estas líneas momentos vividos en esos años, momentos que podrían haber sido los últimos de mi vida. No, no voy a victimizarme… yo zafé.

Y muchos dirán: “Claro, sólo tenías 17 años, no podías ‘andar’ en nada”.

Les recuerdo que los chicos de La Plata que pedían por el boleto estudiantil no tuvieron mi suerte y eran estudiantes secundarios (La noche de los Lápices).

Perpetradas por fuerzas militares o policiales, procedían a recluir a ciudadanos en Centros Clandestinos de Detención, en ese momento pasaban a ser desaparecidos. Allí se los torturaba o asesinaba. En estos lugares daban a luz las embarazadas (también torturadas) a quienes antes de asesinarlas les robaban sus bebés.

La dictadura militar negaba, en todos los casos, su responsabilidad en ellas. Recién en diciembre de 1977, y ante la presión de la prensa internacional, el dictador Videla habló de desaparecidos caracterizándolos como un producto no deseado de la “guerra antisubversiva”. 

El genocida, decía que los desaparecidos eran subversivos que pasaron a la clandestinidad o huyeron del país o sus cuerpos quedaron irreconocibles tras los enfrentamientos armados. Describía a los desaparecidos como guerrilleros y explicaba sus desapariciones por el estado de guerra.

Ese mismo año se constituyen nuevas organizaciones defensoras de derechos humanos como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo o Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

Sus reclamos trascendieron a las autoridades militares para extenderse ante los organismos de derechos humanos locales, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el Congreso de los Estados Unidos, varios parlamentos europeos, las redes transnacionales de derechos humanos y la OEA. 

De todos modos, hasta la derrota militar de la dictadura argentina en la guerra de las islas Malvinas en 1982, las denuncias de los crímenes fueron neutralizadas. 

Tras la guerra, los organismos de derechos humanos canalizaron el repudio al régimen y se erigieron en un actor difícil de soslayar en la esfera pública.

Los militares quisieron evitar la revisión del pasado. Por ese motivo, en abril de 1983, lanzan el “Documento final de la Junta militar sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo”, asumiendo su responsabilidad en la “guerra antisubversiva”, relegando al “juicio divino” el examen de sus actos y afirmando que las Fuerzas Armadas fueron llamadas por un “gobierno constitucional” a aniquilar a la subversión, en alusión a los decretos de la presidenta y viuda de Perón en 1975 que autorizaron su participación en dicha lucha.

Este mensaje tuvo su correlato jurídico el 23 de septiembre, a un mes de los comicios, al sancionarse la ley 22.924 de “Pacificación Nacional” conocida como de “Auto amnistía”, que declaraba extinguidas las acciones penales relativos a la “lucha antisubversiva” convocando a que el pasado de combates, muertos y heridos “nunca más vuelva a repetirse” y a “perdonar los agravios mutuos y procurar la pacificación nacional con un gesto de reconciliación”. 

Así, la dictadura propugnaba un nunca más que clausuraba el pasado y garantizaba la impunidad. La ley fue rechazada por la opinión pública. Entonces, los organismos de derechos humanos le reclamaron al futuro gobierno civil constituir una comisión bicameral para investigar el terrorismo de Estado la cual, decían, garantizaría el nunca más. 

El  “Nunca Más”, de esta manera, se asoció por primera vez con el reclamo de justicia (Solicitada de Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, abril de 1983). 

“Nunca Más” fue el título del informe que fue presentado al presidente Raúl Alfonsín por la comisión por él creada, la Conadep (Comisión nacional sobre la desaparición de personas). Esta comisión estaba integrada por personalidades de la cultura y militantes por los derechos humanos.

Pero eso será motivo de otro artículo. Hoy es momento de recordar. Momento de tener Memoria, buscar la Verdad y seguir pidiendo Justicia.

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