El Cañizo

Por: Graciela Bustos

         

Hola, queremos compartir con vos algunos saberes, más allá de los que a simple vista se ven… 

En esta imagen si bien es un recorte de la realidad que nos habla de un tiempo y un espacio actual (la foto está sacada aproximadamente en el año 2012), representa una pequeña parte de nuestras historias cotidianas que también podríamos denominarlas “microhistorias”. 

Primeramente – antes de entrar a la cuestión central que motiva nuestra publicación – queremos contarte que el lugar donde sacamos la foto se llama Tudcum. Es un pequeño pueblo que pertenece al Departamento de Iglesia, ubicado al noroeste de la provincia de San Juan, Argentina. Tierra de pueblos originarios como los Huarpes y otras comunidades indígenas que – junto con los Diaguitas –  habitaron el lugar. Tudcum significa “agua que salta”, también se lo conoce como “el origen de las aguas”. Cerca de allí, se encuentra una importante Reserva  Biósfera que se la conoce con el nombre de Reserva de San Guillermo. ¿Sabías que fue creada en el año 1972 con el fin de proteger nuestros recursos naturales? ¿Y que esta zona es considerada uno de los últimos lugares “silvestres” que existe en el continente americano no solo por la riqueza de su fauna sino además porque contiene enormes reservas de agua llamados glaciares, como el Glaciar de Agua Negra

Hoy esta región – desde los inicios de la década del ´90 – está siendo amenazada por una actividad minera llamada “a cielo abierto”. Esto significa que para extraer los metales que buscan, primero destruyen las montañas, las vuelan por el aire y para ello utilizan explosivos con componentes químicos que resultan sumamente tóxicos para toda la población. Estas minas en cuestión, están instaladas en las altas cumbres de la cordillera de Los Andes. Son grandes ciudades que han sido construidas con capitales extranjeros que, desde un primer momento, fueron observadas de muy cerca por organizaciones ambientalistas del lugar quienes denunciaron que hubo actos de corrupción en complicidad con algunos funcionarios públicos que gobernaron el país en su momento. La empresa que explota la zona mineral es de origen canadiense y se llama Barrick Gold.  

Después de haber incluído estos últimos saberes (como el de la Reserva Biósfera  y la actividad minera) cuya problemática ambiental se actualiza en nuestros días, te contamos que lo que quisimos hacer fue poner nuestra mirada en la foto dentro de un “contexto” que lo llamamos histórico, económico, político, social, ambiental. 

A continuación, te contamos que la chica que ves en la foto, está sentada debajo de un cañizo. Así se le dice a esta especie de “casita” o “ranchito” que  supone – a simple vista – la construcción de algo improvisado pero sin embargo, no lo es. Porque su diseño contiene un “sentido” para la vida, está íntimamente vinculado con la alimentación no solo física sino también espiritual. En el techo del cañizo – así se llama porque está cubierto con cañas – se colocan las frutas y verduras propias del lugar. Lo cosechado en el verano y que no se alcanza a consumir, se lo coloca arriba del cañizo para que el sol las diseque y puedan ser consumidas en la época invernal. De esta manera se ponen a deshidratar: aceitunas; ajíes; tomates; racimos de uvas (que pronto se transformarán en pasas); higos; duraznos; ciruelas; peras y mucho más. 

Estos saberes han sido relatos orales compartidos y transmitidos por nuestros antepasados que – a lo largo del tiempo- perduran. 

Cuentan las voces del pasado que el cañizo tiene también otros sentidos, otros usos, otras costumbres propias de la identidad del lugar. Entre ellas, dicen que:

Puede  ser usado para extender y secar la ropa.

Para el encuentro y la conversa con otros, otras, otres.

Un espacio para la reflexión individual. 

Para filosofar. 

Para leer.

Para escribir.

Para contemplar. 

Para dormir la siesta.

Para escuchar música.

Para cantar…

Unas mujeres – que hoy andan rondando entre los setenta y ochenta años de edad – relatan que también conocieron el cañizo. Cuando eran chicas, veían a su abuela que tenía uno en el fondo de su casa, cerca de las plantas de maíz que sembraba todos los años. Cuentan que la abuela habría nacido por entre los años 1900/ 1905 aproximadamente. Se acuerdan también que cuando se ponía a limpiar los choclos, para luego cocinarlos, mientras ellas la ayudaban, que les decía que no tiraran las chalas porque después las iba a poner a secar al sol. Dicen que cuando llegaba el invierno, la abuela desparramaba las chalas secas por todo el piso del cañizo. Que la abuela Juana – así se llamaba – tenía una silla muy bajita, que le decían la sillita matera y que después del almuerzo, cuando llegaba la hora de la siesta, solía sentarse a descansar y a calentar el cuerpo bajo los tibios rayos del sol. Recuerdan que después – mientras las hermanas jugaban y correteaban por el lugar – la abuela Juana se ponía a tejer… 

Al tiempo, ellas se preguntan si tal vez la abuela ¿habría sentido alguna especie de energía transmitida por el maíz?… ¿Sería esa energía del maíz aquella fuerza que ponía cuando lo sembraba en el fondo de su casa?…

De esta manera, nos quedamos pensando en los pocos años que cuenta nuestra  historia política, social, cultural… Así como en los usos, las costumbres y los sentidos de la vida cotidiana…Y si la abuela (como según cuentan estas mujeres) nació a principio del siglo XX, significa que su mamá habría nacido cerca de los años 1880 (siglo XIX), su abuela cerca de 1860y su bisabuela por 1840… Entonces, podríamos inferir que ella contaba con una construcción cultural  subjetiva cargada de historias, leyendas y relatos orales de indios, negros y gauchos que vivieron en tiempos anteriores y posteriores a Rosas, al Chacho Peñaloza, a Mitre, a Sarmiento, a Roca… tiempos en que la disputa territorial y tantas historias desgraciadas y amorosas, estuvieron cercanas a ella, así como el cañizo estuvo entre sus costumbres, esos rituales de la vida social que a lo largo del tiempo fueron tallando la identidad del lugar.

 

Graciela Bustos es:

Profesora y Licenciada en Ciencias de la Educación, con orientación en Educación de Adultos.  Graduada en UNLu