Si les pareció extraño lo narrado en la nota «El Uritorco y sus misterios«, este artículo te dejará «flipando» como diría un amigo de Ibiza.  Te había dicho que el Uritorco era una usina de misterios, pero vayamos por partes.

Comechingones 

En realidad, muy poco se conoce de la cultura comechingon. NI siquiera sabemos qué nombre se daban ellos mismos, ya que Comechingón los llamaban los Sanavirones, un pueblo vecino que ocupó la región noreste de Córdoba. En realidad comechingon deriva de Kaminchingan que, en la lengua saravirona significa “habitante de cuevas”.

El profesor Guillermo Alfredo Terrera plantea en una serie de libros, especialmente en El valle de los Espíritus, que esta cultura fue poseedora de conocimientos telúricos mágicos peculiares.

Terrera refiere las diferentes características físicas de los comechingones con respecto a otros grupos indígenas de la zona, ya que eran de gran altura, y llevaban barbas largas y espesas, mientras sus cabellos eran de color claro.

Entre otros detalles interesantes Terrera refiere que los morteros de piedra que abundan en diferentes puntos cercanos al Uritorco, no sólo cumplían una función alimenticia, también eran empleados en ritos mágicos y sagrados.

En la parte inferior de los morteros “estaba representado el cosmos con sus campos de fuerza destrógiros y levógiros, y esta energía se podía percibir con sólo introducir la mano dentro de la concavidad del mortero. Si éste poseía poderes mágicos, el alimento preparado dentro del mismo adquiría la fuerza cósmica que se transmitía a quienes lo comiesen”. 

También dice Terrera que:

“los comechingones, como habitantes de las serranías cordobesas, convivieron con los cerros, hondas quebradas, los valles luminosos, y los arroyos y ríos de aguas transparentes. De allí su gran capacidad de observación y meditación, que con el transcurso del tiempo se convirtió en sabiduría empírica y mágica que les permitió crear valles de los espíritus o quebradas del silencio. Ellos aseguraban ver hombres que solían caminar por las sierras y desaparecer de improviso; seres que venían de la profundidad de la tierra… También los Comechingones contemplaban embelesados las luces o entidades cósmicas que surcaban el cielo nocturno”.

 

Quien es Guillermo Terrara

Doctor en Derecho desde 1949, sociólogo, historiador, antropólogo y lingüista, se reconocía peronista y era admirador del nazismo esotérico y estudioso de las tradiciones gauchescas. A lo largo de los años había ido aggiornando en sus libros y en sus charlas la aureola mítica del cerro, y los pergaminos que exhibía, para algunos, eran irrefutables: Terrera era el depositario del Bastón de Mando.

Sus convicciones se habían reforzado una mañana de abril de 1948, cuando había recibido un extraño regalo. Un tal Orfelio Ulises Herrera le entregaría ceremoniosamente un bastón de piedra negra, y con ello le cambiaría la vida. Herrera era un metafísico que decía haber pasado algunos años en el Tíbet, y aseguraba que con ayuda extrasensorial había encontrado en el Uritorco la «piedra que habla», mejor llamada Bastón de Mando. El objeto habría sido una herramienta de los dioses para unir y dar sabiduría a los hombres y poder a quien lo tuviera, y el depositario iba a ser Terrera, que estimaría su antigüedad en siete mil años.

Si en una primera etapa de su producción intelectual el profesor se había interesado por la historia y el folklore y había escrito libros como El caballo criollo en la tradición argentina o recopilado el Primer cancionero popular de Córdoba, con el tiempo mudaría de interés y empezaría a escribir tratados metafísicos para explicar los poderes del Bastón y su aparición en el Uritorco.

Cuando murió en Buenos Aires el 19 de noviembre de 1998 –un hecho biológico al que sus discípulos llamarían «transición al Cosmos Infinito»–, el profesor Guillermo Alfredo Terrera lo hizo convencido de lo que había predicado en vida: que en las entrañas del Uritorco había una ciudad de otra dimensión; que el cerro encerraba un metafísico Santo Grial, y que él era poseedor de un artilugio al que llamaba toki lítico, que tenía un extraordinario poder.

El Bastón de Mando 

El Bastón de Mando es también llamado toqui lítico (piedra de la sabiduría), simihuinqui  (la piedra que habla). También es llamado Piedra de la Sabiduría y fue encontrado en 1934 en las cercanías del Uritorco, por parte de Orfelio Ulises.

Este maestro ocultista habría obtenido la información sobre el Bastón de Mando en la ciudad tibetana de Samballah, donde estudió durante ocho años. Allí le fue revelada la ubicación del Toqui Lítico, que según Terrera, fue ordenado construir “con piedra de basalto por el Gran Cacique Voltán o Multán de los comechingones, hecho acaecido hace más de 8.000 años.”

En el bastón, que posee una forma cónica perfecta y una longitud de 1,10 metros, se encontraría mágicamente codificada toda la sabiduría de la humanidad. Según Terrera, que fue el último a quien conocimos como poseedor del artefacto, las leyendas sobre las propiedades sobrenaturales de ese Bastón de Mando hicieron que, entre 1920 y 1940, sucesivas expediciones inglesas, alemanas, indias, japonesas y francesas se lanzaran a la caza y captura de la Piedra de la Sabiduría.

Incluso, como ya es conocido, un equipo que respondía a Adolf Hitler protagonizó algunas de esas expediciones, asesorados por los astrólogos y videntes del III Reich que consideraban el Bastón de Mando como una pieza fundamental para culminar las ansias mesiánicas del Führer. Pero los nazis, al igual que el resto de buscadores, fracasaron.

Orfelio Ulises Herrera tuvo más suerte que Hitler; Herrera entró en la historia esotérica de la Argentina en 1934. Se dice de él que permaneció ocho años en el Tíbet, en donde de los labios de los lamas y de los “maestros de Shambhala” escuchó hablar, por primera vez, de la Piedra de la Sabiduría.

Herrera nació en la Bolívar, provincia de Buenos Aires, en 1887. A la edad de 26 años decide emprender un viaje iniciático hacia el Tíbet donde,  logra contactar a los maestros de Samballah y accede a la instrucción hermética que tiene una duración de ocho años.

Al terminar sus estudios estos maestros le ordenan hallar la piedra de la sabiduría que se halla en el Cono Sur americano. Orfelio Ulises Herrera emprende así su viaje que lo lleva por distintos puntos de América; es guiado por mensajes telepáticos de los sabios de Samballah, hasta recabar en la localidad de Capilla del Monte, precisamente al pie del Cerro Uritorco, donde excavando con sus propias manos extrae el Bastón de Mando y las otras piezas

Orfelio Ulises desenterró el mítico Bastón de Mando de su escondite milenario: el cerro Uritorco. Según Terrera, el bastón fue hallado junto a otros dos objetos: una piedra circular parecida a un moledor (“la conana”), y un tercero que el descubridor quiso que quedara enterrado allí.

No sabemos cual es la razón, pero Herrera consideró que el depositario de aquella singular pieza arqueológica, debía ser el Profesor Guillermo Alfredo Terrera.

Herrera falleció en 1951, y su cuerpo está enterrado en el Cementerio San Jerónimo de Córdoba.  Terrera custodió el misterioso objeto desde 1948 hasta el día de su muerte, el 19 de noviembre de 1998. Desde entonces circulan diversas versiones sobre el paradero actual del Bastón.

Yo personalmente puedo decir, sin hacer juicio de valor sobre sus poderes, que el bastón existe, y que seguramente es custodiado por familiares de Terrera, a pesar de haber circulado la versión de una venta a algún coleccionista.

Una versión señala que fue hallado partido en tres trozos de 43, 40 y 28 centímetros. Otra historia sostiene que se «fracturó» después, cuando el bastón dejó de “funcionar». Mide en total 1.11 metros de longitud y unos 15 centímetros de diámetro. Pesa algo más de 4.5 kilogramos.

Esculpido en basalto, el pulido de la piedra fue datado en hace más de 8.000 años, lo que desconcierta, según Terrera, a los historiadores y arqueólogos. ¿Por qué Orfelio Ulises lo desenterró? ¿Qué función cumple y cómo se relaciona con Erks?

Y he aquí el mayor misterio del bastón de mando:

“En qué lejana cordillera podrá encontrar a la escondida Piedra de la sabiduría ancestral que mencionan los versos de los veinte ancianos, de la isla Blanca y de la estrella Polar.  Sobre la montaña del Sol con su triángulo de luz surge la presencia negra del Bastón Austral, en la Armónica antigua que en el sur está. Sólo Parsifal, el ángel, por los mares irá, con los tres caballeros del número impar, en la Nave Sagrada y con el Vaso del Santo Grial, por el Atlántico Océano un largo viaje realizará, hasta las puertas secretas de un silencioso país que Argentum se llama y siempre será”.

Estas líneas fueron escritas exactamente en 1215 por el bávaro, hoy alemán, Wolfram von Eschenbach. Estamos hablando de la obra “Oda a Parsifal” y  sirvieron de base inspiradora para la ópera “Parsifal” de Richard Wagner.

Cabe aclarar que el primer rastro de la palabra Argentina que se conoce data de unos 387 años después, usada por el clérigo extremeño Martín del Barco Centenera en su poema épico “La Argentina y Conquista del Río de la Plata: con otros acaecimientos de los reynos del Perú, Tucumán, y estado del Brasil” a quién se le atribuye ser el autor de la toponimia con la que se identifica este país.

El jefe araucano Calfucurá asumió la versión de que quien poseyese el Bastón dominaría el mundo, por lo tanto lo hizo buscar en diferentes serranías de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y San Luis hacia 1830.

Se dice que el Bastón fue traído por caballeros templarios, juntos con otros objetos, entre los que se encontraba el Santo Grial (sí, a esa copa se la incluye en toda leyenda que se precie).

La Fundación Delphos, de carácter templario, conducida por Fernando Fluguerto Martí, realizó diversas investigaciones en la costa sur de Río Negro donde localizó un antiquísimo fuerte de la Orden de los Caballeros del Temple. 

Estos, según otra leyenda, en 1314, tras la muerte de su jefe, Jacques de Molay, por orden del rey francés Felipe “El Hermoso”, también se hicieron a la mar y recalaron en la zona del referido fuerte en el que existen símbolos templarios, según la documentación presentada por dicha fundación. Versiones de los aborígenes comechingones de Córdoba hablaban de la llegada de europeos mucho antes de la colonización española.

De hecho, la leyenda a la que hace referencia von Eschenbach tiene como antecedente, sin mencionar a la Argentina, en la novela del francés Chrétien de Troyes “Parsifal o el cuento del Grial” de 1182 en la que bien pudo haberse inspirado aquél. En tanto viejos relatos incas hablaban de una antigua presencia de gente barbuda y de piel clara que también se atribuye a la presencia de templarios.

De lo que estamos seguros, es que mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón al Caribe en 1492  ya en Europa y en el Cercano Oriente, y aún en China, se conocía la existencia de las tierras americanas como lo muestran los mapas del turco Piri Reis, de 1513, veinte años más tarde, que incluyen hasta el continente antártico y otras zonas oficialmente “descubiertas” varias décadas más tarde. 

La primera iglesia cristiana en América data del Siglo XI creada por Theodhild, la esposa de Erik Thorvaldsson, “El Rojo”; las flotas del galés Richard Ameryke pescaban en las costas canadienses; y los chinos visitaron América en 1441.

Ciudad de Erk

Al intentar encontrar o ubicar la ciudad de Erks nos encontramos con un primer problema: según una de las leyendas más difundidas, no sería una ciudad física sino una urbe etérea, ubicada en otra dimensión espacio-temporal. 

Esto resultaría un gran obstáculo para nuestros conceptos y métodos científicos, siempre necesitados de pruebas materiales contundentes, que confirmen una teoría.

La supuesta ciudad subterránea de Erks se encontraría debajo del cerro Uritorco. Este lugar sería uno de los tantos nodos energéticos de la Tierra, y la ciudad estaría ubicada a unos cincuenta kilómetros por debajo de la corteza terrestre.

Su origen dataría de más de veinte mil años de antigüedad. Habría sido fundada por seres espiritualmente más evolucionados, provenientes de otras galaxias, que se establecieron en la Tierra para modelar de alguna manera el desarrollo de la existencia humana. Para ellos, los seres humanos no son considerados como conejillos de indias, ya que su intervención no sería de forma directa.

Su cometido sería ayudarlos a despertar una ‘conciencia cósmica’, que les permita vivir en armonía con el resto del universo. Según quienes creen en la existencia de esta ciudad y sus habitantes, estos seres tendrán gran importancia en eventos futuros de la humanidad, preparándonos espiritualmente para nuevos desafíos.

Las luces en el cerro

Si bien aún no contamos con una prueba irrefutable de la existencia física de la supuesta ciudad, hay muchas observaciones y testimonios de personas, que dicen haber visto extrañas luces, ajenas a cualquier objeto fabricado por el hombre, dado su comportamiento y características, entrando y saliendo de los alrededores del cerro Uritorco.

¿Estas naves u objetos, supuestamente extraterrestres, estarían entonces accediendo a la enigmática ciudad de Erks? Algunos investigadores del tema lo aseguran. Uno de ellos fue el doctor Ángel Acoglanis, quién culminó su vida de forma trágica. 

Algunos lugareños afirman escuchar ruidos metálicos en las cercanías del cerro, debajo del cual se encontraría el misterioso centro poblado. Estos ruidos, serían el resultado del movimiento de tres enormes espejos, que estarían situados en el centro de la ciudad subterránea. Estos espejos estarían construidos de lapislázuli, oro y un metal desconocido en la Tierra.

Su finalidad sería la de establecer comunicación entre la ciudad y otras ciudades similares o nodos energéticos ubicados en diferentes lugares del planeta. Entre esos lugares, los entendidos mencionan al Tíbet en Asia, Machu Picchu en Perú y La Aurora en Uruguay.

Acoglanis y una historia de amistad y muerte

Acoglanis, médico (practicó acupuntura, osteopatía y quiropraxia con gran éxito) bonaerense y ciudadano griego, era conocido como ‘el portero de Erks’. Siempre se autoproclamó chamán contactado por las entidades habitantes de la ciudad subterránea. 

Tenía montado su consultorio de Buenos Aires, en la calle Callao 1541, pleno barrio de la Recoleta. Rubén Antonio (hermano de Jorge Antonio, un empresario y asesor político argentino, ligado al presidente Juan Domingo Perón.) se presentó el 19 de abril de 1986 a las 10.30 de la mañana. 

Su secretaria, de nombre Tina, declarará en la Justicia que dejó pasar al hermano de Jorge Antonio a sabiendas del vínculo personal que mantenía con Acoglanis (Rubén Antonio era padrino de un hijo del doctor). Repentinamente alcanzó a escuchar los gritos de súplica del médico: “No lo hagas, negro, no lo hagas”.

Tina pudo ver como el socio de Acoglanis, que portaba un pistolón, tembloroso disparó repetidamente contra el médico hasta darle muerte, en medio de un impresionante charco de sangre. Rubén Antonio se trasladó a la comisaría 17ª.

Allí entregó el arma homicida y dijo ante el oficial de guardia… “acabo de matar a un brujo y me siento muy aliviado”. La causa por el homicidio se sustanció en el juzgado penal de la doctora María Servini de Cubría.

El hermano de Jorge Antonio fue sometido por orden del juzgado a una junta psiquiátrica y declarado insano. Por ese motivo se lo trasladó a un instituto psiquiátrico. Cuatro años después, el juzgado consideró que Rubén Antonio había recuperado sus facultades mentales y le concedió una especie de libertad ambulatoria.

Uno de los hijos de Acoglanis era un periodista rosarino que intrigado por el enigmático asesinato de su padre, pidió a algunos colegas porteños que trataran de averiguar los motivos del desdichado desenlace de su amistad con Rubén Antonio. Una tarde, los hermanos Antonio se reunieron en un edificio del barrio de Belgrano. Nada se sabe sobre los pormenores de aquel encuentro, pero Jorge Antonio le dijo posteriormente a sus familiares que había quedado impresionado (y angustiado) por los dichos de su hermano.

Instantes después de la reunión, Rubén Antonio se suicidó arrojándose desde la terraza del edificio. El periodista que se encontró varias veces con Jorge Antonio para tratar de conocer los motivos del enigmático asesinato, halló siempre la cerrada negativa del empresario para referirse a dicho asunto. Siempre con amabilidad respondía: “Por favor, no me haga hablar de eso…”.

Jorge Antonio nunca se repuso del golpe causado por el sangriento episodio de su hermano. Pero tampoco quiso hablar de ello. Hoy el Cerro Uritorco es un sitio convocante de peregrinos que buscan hallar cargas energéticas y residuos de las visitas sobrenaturales a las cuales Acoglanis y Rubén Antonio ayudaron a difundir en la Argentina y todo el mundo.

Un monolito en recordación de Sarumah, el nombre místico con que se conoció al peregrino Acoglanis, y una chapa de bronce con una leyenda que dice “En la luz y el amor, siempre”,  es el recuerdo que queda en el camposanto de Capilla del Monte a quien fuera el redentor de las leyendas de los Comechingones.

Dos muertes terribles y una leyenda es todo lo que queda de aquella trágica historia comenzada a los pies del Cerro Uritorco.

Conclusiones 

En definitiva, nada hay desde un punto de vista científico ortodoxo, que determine sin dudas la existencia de esta mítica ciudad y sus habitantes. Son muchos los científicos e investigadores, que se acercan al lugar, provenientes de países como Estados Unidos, Rusia, España, entre otros, con el anhelo de desvelar parte de este misterio.

Sin embargo, nada se ha encontrado aún, más allá de experiencias espirituales personales y subjetivas. Otros investigadores afirman, que existen puertas en forma de cuevas por medio de las cuales se podría acceder a su interior, lo que aún no ha sido verificado.

¿Existe realmente la ciudad de Erks? Si existiera, ¿es posible que haya sido construida por seres inteligentes de otras galaxias?

Tal vez, algo más que pruebas físicas sean necesarias para establecer su existencia, ya que como decía el gran investigador francés Pierre Theilard de Chardin, “ninguna tecnología superior podrá distinguirse de la magia”. Pero aún así, sería de esperar que el destino de los hombres esté siempre en sus propias manos y no en manos ajenas.

Tal vez eso dependa de nosotros mismos, y sea hora de despertar y mirarnos en nuestros propios espejos interiores.

 

Fuentes:

Erks, Trigueirinho Jose Netto  –  Todo sobre el cerro Uritorco y la ciudad de Erks, Guillermo J. Dangel   –  Los 7 ejercicios cósmicos de Erks, Ariel Gustavo Pro    https://www.legadocosmico.com/  –  https://diariosierras.com/  –  https://www.telam.com.ar/  –  https://www.innovamag.com/  – https://www.minutouno.com/  –  

Foto de Portada: Esquema gráfico de la ciudad suberránea Erk