Si prestamos atención a los textos bíblicos concluimos que, entre líneas, nos están relatando la presencia en la tierra de seres de otros planetas 

En numerosos textos primitivos encontramos referencias inequívocas respecto de una batalla o guerra que habría tenido lugar en algún lugar del “cielo”. 

La referencia inmediata la obtenemos de la tradición y la teología cristianas. Lucifer se rebeló a la autoridad de dios y luego de la ardua lucha, fue expulsado del reino de los cielos por el arcángel Gabriel.

En el antiguo testamento no aparece la figura de Lucifer o Luzbel, ni existe referencia alguna respecto de la supuesta lucha entre los ángeles rebeldes y los ángeles buenos, pero la tradición cristiana ha recogido este dato.

Algo realmente curioso es la etimología de la palabra Lucifer, del latín Lux fare: “el que trae la luz o el portador de luz”. Pero en el antiguo testamento existen pasajes que hablan de una “batalla en el cielo”. 

En Isaías XIV, 12 leemos: “¡Cómo has caído del Cielo, tu, resplandeciente estrella de la mañana. Cómo has sido arrojado al suelo, tu, vencedor de los pueblos! Te habías propuesto: Subiré al cielo y allí estableceré mi trono por encima de la estrella de Dios, y entonces reinaré en la Montaña de los dioses…

También en el nuevo Testamento, en el Apocalipsis de San Juan XII, 7 leemos “Y estalló la guerra en el Cielo, y Miguel y sus ángeles hicieron la guerra al Dragón. Y el Dragón hizo la guerra con sus ángeles, y no pudieron resistir, y ya no pudieron hallar lugar para ellos en el Cielo”.

Vale la pena recordar que los términos “serpiente” y “dragón” son expresiones que bien pueden tomarse como equivalentes de “disco volante” o “nave espacial”, y que aparecen casi invariablemente en todas las religiones.

Continuando nuestra búsqueda de referencias respecto de la batalla o guerra en el “cielo”, nos trasladamos al antiguo Egipto.

En el Libro de los Muertos encontramos que Ra, el poderosísimo Dios Sol, lucha contra los “hijos rebeldes del espacio”. Durante esta contienda Ra no abandona el Huevo del Mundo (¿su nave espacial?). 

En la mitología griega juegan un papel importantísimo los hijos de Urano (12)  y los hijos de Gaa.

Urano es la personificación del cielo, y Gaa la personificación de la Tierra. Los doce hijos de Urano, verdaderos titanes, se sublevaron contra toda ley universal y protestaron con Zeus para luego atacar el Olimpo, residencia de todas las divinidades griegas.

Pero también la mitología griega indica la aparición de la figura de Prometeo, quien luego de una discusión con Zeus bajó a la Tierra y trajo a los hombres el “fuego del cielo”. 

Es interesante el paralelismo entre la figura de Prometeo, portador del fuego sagrado, y la de Lucifer, portador de la luz.

Pero los problemas de Zeus no terminan allí, ya que también debió combatir con sus hermanos Poseidón y Hades. 

En el Libro de Dzyan, una doctrina secreta del Tíbet, encontramos también las referencias que buscamos:

“En el cuarto mundo se ordena a los hijos hacer sus fieles retratos. Una tercera parte rehúsa hacerlo pero las otras dos obedecen. Se pronuncia la maldición… Las ruedas más antiguas comenzaron a girar. La Hueva materna lo llenó todo. Se libraron batallas en el espacio, apareció el germen y continuó apareciendo. saca tus cuentas, Lanoo, si quieres saber la verdadera edad de tu Rueda”.

También en las leyendas de la tribu maorí encontramos referencia de la guerra de los cielos: El dios Tane había establecido el orden universal pero una legión de rebeldes se negó a seguir sus directivas, pero llegó Tane montado en un rayo y los derrotó, arrojándolos sobre la Tierra.

Otro tanto encontramos en las leyendas de los indio Puyute, de América del Norte. El dios Hinuno se rebeló y fue expulsado del Cielo.

También en el Popol Vuh de los indios quichés los dioses sostienen varias batallas entre sí, buscando imponerse a los demás en el gobierno del universo. 

Pero volviendo al Libro De Dzyan, encontramos el relato más pormenorizado y asombroso de la batalla o guerra de los cielos. Vale la pena transcribir algunos párrafos.

“Estos hombres (anteriormente el libro relata la llegada de unos seres en una inmensa nave metálica que vieron circunvolar la Tierra antes de tomar contacto con ella) vivían aislados y eran reverenciados por los humanos, entre quienes se habían establecido. Pero con el tiempo surgieron divergencias entre ellos y tuvieron que dividirse…”

Luego añade: “la separación no trajo la paz a este pueblo y finalmente su cólera llegó al punto en que el gobernante de la Primera Ciudad tomó consigo a sus guerreros y se elevaron en los aires hacia la ciudad de sus enemigos y arrojaron una gran lanza brillante que iba sobre una luz (¿un cohete?).

Entonces explotó la ciudad de los enemigos con una gran bola de fuego que se elevó hasta las estrellas (¿una explosión nuclear?) y todos los que estaban en la ciudad murieron, los que estaban cerca se quemaron y quedaron ciegos de mirar la bola de fuego y los que fueron a la ciudad murieron de enfermedad súbita pues todo en la ciudad estaba envenenado..” (Este relato nos muestra cómo, en una lejana época, un pueblo  colonizó la Tierra pero en ese intento surgieron divergencias que llevaron a la lucha entre dos grupos).

En síntesis, el hecho de que en numerosas religiones se cite de manera más o menos directa una lucha entre los “dioses” nos lleva a pensar que existe un trasfondo de la realidad.

Quizá en el futuro, así como pudo comprobarse la realidad del “diluvio universal” del que hablan también muchas creencias religiosas, y podamos llegar a aseverar que en un pasado remotísimo dos o más razas de seres inteligentes sostuvieron gigantescas batallas en el espacio (cielo para nuestros predecesores) en su afán de ejercer su predominio sobre nuestro planeta. 

Inclusive todo parece indicar que esas batallas se han repetido en tiempos más modernos.

Para ello basta leer la hoja volante de Nuremberg del 14 de abril de 1561:

“Entonces aparecieron en el cielo muchos globos de color negro, discos brillantes, todos cerca del sol. A veces iban en una fila, otras veces cuatro en un cuadrángulo, también algunos iban solos. Además había dos tubos grandes, y dentro de los tubos cuatro o más globos. De pronto todos comenzaron a luchar entre sí, era un espectáculo aterrador y aquello duró más de una hora. Después todo cayó desde el Sol y el cielo a la Tierra, como si estuviera en llamas. Nadie se quiso acercar al lugar, pues todo llameaba y se levantaba un gran vapor…”

Fuente: Revista Cuarta Dimensión;

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