IN MEMORIAM 

Colilonko/ Colinao. Un recuerdo para él 

Mariano Ramos 

Se fue Coli-Lonko Colinao, tal como en las reuniones de la Comunidad lo habían nombrado sus hermanos del Lof Vicente Catrunao Pincén, la agrupación que dirige el Lonko Luis Pincén, descendiente de aquel bravo y mítico lonko del siglo XIX. Su ausencia física nos dio mucha pena, la pena que da la partida de los seres irreemplazables. 

Carlos fue un gran hombre, una honesta y buena persona, un gran investigador. Alguien que no se olvidaba de ciertos principios de justicia e igualdad. Tuve el gusto de conocerlo hace pocos años, en un Congreso realizado en Córdoba y luego en las reuniones de la comunidad. Carlos decía en su autobiografía de principios del 2018: 

    Nací en Buenos Aires, en Flores, en 1949. Viví mi primer año en Boedo, a la vuelta del club San Lorenzo de Almagro y del viejo                Gasómetro, de cuya energía misteriosa abrevé para hacerme hincha de los  “cuervos” desde muy pequeño. 

    Cuando cumplí un año me mudé con toda la familia -mis padres y mis dos hermanas- a la gran casa de Ramos Mejía, en el aún              “lejano Oeste”, adonde viví hasta los veinticinco años. En esa casona del parque gigantesco, fui inmensamente feliz. 

    Allí me encontré con mis primeras lecturas, clásicos de aventuras que mi viejo, apasionado autodidacto había puesto en mis manos,      elegidas de su gran biblioteca. Salgari, Dumas, Burroughs, Defoe. Escritores como Cervantes, De Amicis o Jiménez, ese que nos              contaba de aquel burro color de luna. 

   Dos personajes excluyentes, Patoruzú y Sandokán, alimentaron mi sentido de justicia, el valorar a los diferentes, amar a los                     animales, el espíritu de aventura y el placer por escribir.

   No todo eran lecturas. El jardín albergaba árboles que aprendí a disfrutar como compañeros de juegos, especialmente aquel de               “indios y blancos”, en el que siempre ganaban  “los indios”. Por ese jardín pasaron decenas de animales con los cuales convivíamos:  gatos, perros, pájaros, una oveja, una pata y tantos otros bicharracos. 

  Desde la casa vi las columnas de humo en un triste junio de 1955 sobre la Plaza de Mayo, oscuro presagio de lo que vendría. 

  También desde la casa observé las evoluciones fascinantes de una luz en el cielo estrellado de una noche de verano de 1964, otra señal    entendida muchos años después gracias a la cosmovisión indígena… entendí que el universo puede encerrar maravillas que nuestra      limitada idea de la realidad se ha obstinado y obstina en negar. (Martínez Sarasola 2018; http://www.cmartinezsarasola.com/). 

A los 20 años Carlos Martínez Sarasola ingresará en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Iniciará desde allí, con su más profunda convicción, una vida dedicada a los pueblos originarios y la Antropología. Unos pocos años después, en 1974, Carlos se recibió de Licenciado en Ciencias antropológicas. Pero, además, desde muy joven, comenzó a publicar diversos trabajos de investigación y reflexión. 

Durante 1994, con la colaboración de varias personas, armó la Fundación Desde América, la que desde sus inicios quiso contar con los aportes y la sabiduría de los pueblos originarios. Sarasola le imprimió su revolucionaria perspectiva antropológica y filosófica que iba más allá del mundo de la ciencia occidental. Carlos superaba los cánones que imponen el sistema y los corsés académicos. 

Fue autor de varios libros, artículos y notas; coordinador de una serie de libros. Desde hace unos años trabajaba como profesor y era coordinador de una carrera de Posgrado en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Sarasola fue un miembro destacado del Taller de Etnohistoria de la Frontera Sur, más conocido como TEFROS, un espacio académico y de discusión de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Todas esas tareas no lo apartaban de su compromiso y participación en las reuniones y ceremonias de la Comunidad Lof Vicente Catrunao Pincén en donde siempre hacía distintos aportes, contribuía con sus reflexiones y observaciones. 

Desde 2015 comenzó a llevar a cabo un proyecto multimedia denominado El Orejiverde, Diario de los Pueblos Indígenas,  el que enlazamos con nuestra página (www. proarhep.com.ar). Esa página abarca información de muchos pueblos indígenas, es inclusiva y tiene la impronta de su autor. 

Su obra es gigantesca desde distintas perspectivas. Si bien Carlos nunca se doctoró en la academia, su obra mayúscula fue Nuestros paisanos los indios, una auténtica tesis doctoral. 

Sarasola estudiaba y reflexionaba sobre la re-etnización o el proceso identitario y de recuperación de derechos que actualmente llevan adelante las sociedades originarias que luchan volviendo a sus raíces. Por ejemplo, decía en 2012: 

“En casi todos los casos de reetnización parecería que los aspectos  ́arcaicos` tradicionales ya no existen, salvo excepciones, pero ellos se transforman en un reservorio simbólico, al cual se acude en búsqueda de elementos que puedan ser activados y resemantizados en el campo de lo emergente. Entiendo que es fundamental observar, entender y seguir de cerca. En casi todos los casos de reetnización parecería que los aspectos “arcaicos” tradicionales ya no existen, salvo excepciones, pero ellos se transforman en un reservorio simbólico, al cual se acude en búsqueda de elementos que puedan ser activados y resemantizados en el campo de lo emergente. 

Entiendo que es fundamental observar, entender y seguir de cerca la evolución de estos acontecimientos, protagonizados muchas veces por personas de ascendencia indígena que están entregadas a un complejo proceso de reencuentro comunitario y recuperación de la memoria de pueblos originarios que han sido aniquilados, y que llevan consigo el peso de historias personales extremadamente difíciles.” (Martínez Sarasola 2012: 61 y 62). 

Su breve autobiografía escrita en el verano de 2018 finaliza: 

Hoy me encuentro en un momento en que puedo ir integrando mis otros centros de interés: las otras realidades, el entremundos ó fenómenos asociados, todos temas fundamentales para la Antropología y más aún en estos tiempos de aceleración evolutiva en que nos encontramos. 

Los hermanos indígenas y su manera de estar en el mundo me ayudan enormemente a integrarme como persona y a articular mis campos temáticos, todo maravillosamente entrelazado bajo el cielo sabio y protector de la espiritualidad.” 

La Comunidad Lof Vicente Catrunao Pincén lo despidió con una ceremonia especial para un hermano que se aleja hacia otros destinos, con un reconocimiento único. Y hasta hubo un texto que le dedicaron: “¿Qué estrella fuiste a buscar Hermano querido?”

Desde aquí un homenaje al antropólogo y colega Carlos Martínez Sarasola; pero más al ser humano Coli-Lonko Colinao por entender más allá de los corsés permitidos y pensar y animarse a escribir que “Toda la tierra es una sola alma”.                                                    Buenos Aires, 30 de octubre de 2018 

Bibliografía 

Comunidad Lof Vicente Catrunao Pincén. MS 2018. ¿Qué estrella fuiste a buscar Hermano querido? 

Martínez Sarasola, Carlos 2012. Pueblos Originarios, Procesos de Reetnización y Reconstrucciones Comunitarias: El caso de la comunidad günün ä küna-mapuche Vicente Catrunao Pincén en las pampas argentinas. 

Martínez Sarasola Carlos 2018 Autobiografía. En http://www.cmartinezsarasola.com/ 

Revista  Atek Na Nro. 7 – 2018

Mariano Ramos
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