Sin ánimo de ofender a nadie, solo con el deseo de informar, para que después puedan decidir libremente cómo actuar.
La soberanía popular se hizo realidad con Yrigoyen (después de la ley Sáenz Peña).

Para derrocarlo, los que siempre se hacen llamar legalistas y hablan despreciativamente de POPULISMO (el término correcto es POPULAR), tuvieron que quebrar la CONSTITUCIÓN con un golpe de Estado, colocando en el poder a un corporativismo de extrema derecha.

La señora justicia se ajustó las vendas, no observando las ejecuciones civiles, fusilamiento de obreros llevado a cabo por consejos de guerra, y avalados por la Corte Suprema de Justicia.
Pasaron años oscuros, hasta que en 1946 la soberanía popular nuevamente florece en la vida política de Argentina.

Perón se da cuenta que las medidas tomadas a favor del pueblo debían perdurar, era necesario un seguro institucional; durante su gobierno se sancionó la Constitución de 1949.
Para derrocarlo, bombardearon, fusilaron sin proceso, ametrallaron al pueblo en la histórica plaza y, por supuesto, derogaron la Constitución de 1949.

El derecho, la justicia, lo jurídico, siempre fueron mentirosos para el pueblo. Las atrocidades y los crímenes, cometidos en nombre de la democracia, no tienen ni margen ni número (en otro momento podríamos recordar los cometidos por el proceso cívico-militar-eclesiástico, que comienza en 1976 y en cierta forma perdura hasta la fecha).

Volvió el pueblo a elegir su candidato, ¿lo recuerdan?… Alfonsín. Los oligarcas de siempre, como no tenían el permiso de EEUU para realizar otro Golpe de Estado, y sabían que el pueblo no lo iba a permitir, realizaron un boicot financiero y con el innombrable (ustedes sabrán quién), implementaron todas las políticas neoliberales que estaban en danza. Esas políticas siguieron con De La Rúa, o mejor dicho con el Chicago Boy Cavallo, quien estatizó la deuda privada.

Nuevamente, el pueblo puso los muertos en el 2001 para acabar con el neoliberalismo. Vinieron años duros pero con un horizonte a la vista. Se pagó al FMI, una deuda que no era nuestra, pero se pagó.
Primero uno y continuó otra (yo no voy a pronunciar sus nombres, ustedes solos ya los pronunciaron), impulsaron medidas benefactoras para el pueblo (tampoco las voy a enumerar, ustedes las conocen mejor que yo), principalmente jubilados y jubiladas, amas de casa, salud, educación, sigan ustedes… podría agregar solamente “Década Ganada”.

Sin embargo en el 2015, los medios de comunicación, la oligarquía completa mintiendo a través de la pantalla, de los escritos, un ejército de trolls desprestigiando a un gobierno popular, armas cargadas con tinta, no con pólvora como las veces anteriores pero con mayor efectividad, llenaron de odio las pequeñas cabezas con grandes promesas que resultaron ser grandes mentiras, pero permitió que alcanzaran lo impensable, lo que nunca antes habían logrado por vía democrática… establecer en el poder a la oligarquía, al patrón, al empresario. A los mismos de siempre, Cipayos vende Patria.

El poder ejecutivo, ¿saben quién verdad?, manipuló la justicia, extorsionó al Senado Nacional, coaccionó a gobernadores e intendentes, legisló por decreto leyes al margen del Congreso Nacional, despidió miles de empleados estatales y favoreció empresarios que dejaron en la calle obreros, sin atenerse a la justicia laboral, ni a los derechos obtenidos en años de luchas. Tomó deuda externa, se enamoró del FMI, alineó al país en consonancia con el poder mundial corporativo y sobre todo desarticuló organismos creados por ley.

Si con lo mencionado, seguís pensando en salir a protestar, a riesgo de aumentar esta pandemia que nos acosa a todos, por una reforma judicial necesaria que impulsa el nuevo gobierno, sí que estamos perdidos, sí que nos falta memoria. Sin ofenderte, sí que perdí el tiempo.