Los comechingones son la etnia correspondiente a las sierras del oeste de la provincia de Córdoba y estaban organizados en dos parcialidades: los henia al norte y los camiare al sur.

Los primeros cronistas nos hablan de “barbudos como nosotros” o también de “la provincia de los comechingones, que es la gente barbuda…”. Parecería que el atributo de la barba llamó la atención de los españoles, peculiaridad que pasó a través del tiempo como uno de los rasgos identificatorios de estas comunidades.

Las sierras centrales conservaron el patrimonio cultural del área andina meridional, pero empobrecida en sus elementos básicos revelados particularmente en las tecnologías.

La metalurgia fue prácticamente inexistente. En la alfarería no conocieron la policromía, elaboraban piezas sencillas con decoración de guardas geométricas incisas y estatuillas antropomorfas, que quizás representen un elemento antiguo de las culturas del noroeste.

Don Jerónimo Luís de Cabrera, fundador de la ciudad de Córdoba decía los siguiente:

«Las poblaciones tienen muy cercanas unas de otras que por la mayor parte a legua y a media legua y a quarto y a tiro de arcabuz y a vista unas de otras están todas. Son los pueblos chicos que el mayor no terna hasta quarenta casas y a muchos de a treinta y a veinte y a quince y a diez y a menos porque cada pueblo de estos no es más de una parcialidad o parentela. Y así está cada uno por sí, tienen los pueblos puestos en redondo y cercados con cardones y otras arboledas espinosas que sirven de fuerza y esto por las guerras que entre ellos tienen. Biven en cada casa a quatro y a cinco yndios casados y algunos a mas. Son las casas por la mayor parte grandes que en una dellas se halló caber diez hombres con sus caballos armados que se metieron allí para una emboscada que se hizo. Son bajas las casas que la mitad de la altura que tienen está debajo de tierra y entran a ellas como a sotanos y esto hacenlo para el abrigo por el tiempo frío y por falta de madera que en algunos lugares por allí tienen. Gente toda de la más vestida dellos con lana y dellos con queros labrados con pulicia a manera de los guadamecis de España. Traen todos los más en las tocas de las cabezas y tocados que de lana hacen por gala muchas varillas largas de metales y al cabo dellas como cucharas, todos los más con un cuchillo colgado con un fiador de la mano derecha que se proveen lo más dello y otras cosas que de hierro tienen de rescates. Las camisetas que traen vestidas son hechas de lana y tejidas primeramente con chaquira a manera de malla menuda de muchas labores en las aberturas y ruedo y bocamancas. Crían mucho ganado de la tierra y danse por ello por las lanas de que se aprovechan. Son grandes labradores que en ningún cabo hay agua o tierra bañada que no la siembren por gozar de las sementeras de todos tiempos. Es gente que no se embriaga ni se dan por esto del beber como otras naciones de yndios ni se les hallaron vasijas que para esto suelen tener. Es tierra que se hallaron en ella siete ríos caudales y más de setenta o ochenta arroyos y manantiales todos de muy lindas aguas. Hay grandes pastos y muy buenos asientos para poderse criar ganados en gran número de todos los que en España se crían y hacer molinos y otras haciendas con que puedan vivir prósperos los que allí vivieren. Tienen arte y parecer de tierra muy sana porque los temples son muy buenos y sus tiempos de invierno y verano como en España».

Aspecto físico y vestido

Eran de estatura elevada, se deformaban el cráneo de modo tabular erecto. Los primeros cronistas relatan que eran «barbudos como nosotros».  Usaban como vestimenta el uncu o «camiseta incaica». En las mangas y ruedo tenían decoraciones con valvas de caracol terrestre, común en las sierras. En la cabeza llevaban elaborados tocados de plumas y cobre que les caían más abajo de la cintura. Eran «…dados a cantar y bailes y después de haber caminado todo el día bailaban y cantaban en coro la mayor parte de la noche».

Vivienda

Las viviendas eran las casas-pozo, paredes enterradas en el suelo y una techumbre relativamente baja. Eran grandes -según crónicas españolas, un grupo de 10 jinetes con sus caballos, pudieron ocultarse en una-, habitadas por cuatro o cinco familias. Las aldeas cercadas con defensas de espino, agrupaban entre diez y cuarenta.

En su interior, en un rincón, normalmente enterraban a sus seres queridos fallecidos.

Esto no era una norma, ya que existían los cementerios, pero era una costumbre de muchas familias del pueblo, que así tenían muy cerca a sus ancestros y consideraban que ellos cuidaban del grupo familiar.

Economía

Su economía se basaba en la agricultura, bien desarrollada, con cultivo de maíz, quinoa, porotos, zapallos, a la vez que a la cría de llamas domésticas; conjuntamente se dedicaban a la caza (guanacos, ciervos, liebres, etc.,) y a la recolección de frutos silvestres (abundaba la algarroba y el chañar, con lo que hacían bebidas fermentadas).

Utilizaban la irrigación en extensos campos de cultivo que impresionaron a los conquistadores.

Practicaban la conservación del cereal en silos subterráneos. Aunque sin el grado de desarrollo alcanzado por las comunidades diaguitas, la vida agrícola de esta cultura ofrecía un patrón similar a la cultura del Área Andina Meridional.

Artes

De su industria, se han encontrado instrumentos de piedra y hueso: hachas, flechas, boleadoras, pipas, etc. Usaban el telar andino y pesas de rueca para hilar. La cerámica era simple, con pocas formas; la pintura es excepcional, con sencillas guardas geométricas incisas. En los yacimientos se han encontrado estatuillas antropomorfas, generalmente femeninas. Se han distinguido en el arte rupestre, presente en todas las sierras.

Sociedad

La filiación era patrilienal, la comunidad familiar extensa era la base de la organización social. La autoridad de cada una de ellas estaba subordinada a un cacicazgo hereditario. Las parcialidades tenían territorios propios delimitados y parecería que ello provocaba constantes fricciones entre los grupos por violación de los límites.

Guerra

Como armas usaban especialmente el arco y la flecha, con puntas de piedra y hueso; lanzas cortas, mazas y boleadoras. Usaban flechas incendiarias. Acostumbraban ir al combate con el rostro pintado «una mitad negra y otra roja». Atacaban de noche -para que la Luna los protegiera-, en escuadrones cerrados, organizándose según fueran flecheros o portadores de fuego.

 

Fuentes:

Nuestros paisanos los indios / Carlos Martínez Sarasola, Buenos Aires: ed. Del Nuevo Extremo, 2011.

Argentina Indígena Vísperas de la Conquista. Alberto Rex González y José A. Pérez. Editorial Paidós. 2.000

Foto de portada: Cuevas de comechingones