LOS LULE-VILELAS

En realidad la cultura lule-vilela tuvo su hábitat original en la zona del Chaco. Sin embargo, a la llegada de los españoles parcialidades importantes ocupaban vastas regiones del Noroeste, gran parte del oeste de Salta y norte de Tucumán y también el noroeste de Santiago del Estero. 

Se habla de lule-vilelas en razón de haber constituido una unidad mayor, una familia lingüística. Encontramos el lugar de origen en la zona occidental del Chaco, al sur de los mataco mataguayos y al oeste de los temibles guaikurúes.

Es probable que en la migración hacia el oeste y hacia el sur hayan participado exclusivamente los lules, permaneciendo en el territorio original solo los vilela, que tardíamente se enfrentaron con el español (hacia el 1672).

Alberto Rex González, al tratar el tema del proceso dinámico anterior a la conquista en esta región de transición entre el Chaco y la Montaña, habla de “influencias orientales tardías en el Noroeste” y explica:

…en diversos momentos, grupos indígenas procedentes del Chaco o de las florestas tropicales invadieron los valles andinos y el pie de la montaña, hostigando o destruyendo a las tribus sedentarias preexistentes y asentándose sobre sus vencidos. Este proceso fue cumplido por distintos pueblos, los guaraníes entre ellos. En el momento de la Conquista fueron los lules quienes, desde Jujuy a Santiago del Estero, se encontraban en un proceso cultural cuyos primeros antecedentes aparecen claramente hacia la cuarta centuria de la era cristiana, pero que quizás hubiera comenzado antes. 

Según el rastreo arqueológico, parecería que estas “invasiones” de los lules son evidentes a partir del año 900 y ya hacia el final del siglo XV la presencia en el borde de la montaña se hace estable. Inclusive parece ser que estas migraciones tienen que ver con la penetración incaica por el noroeste en donde los lules habrían actuado como freno a la expansión de las huestes del Cuzco.

Pero también podemos pensar que esta conmoción geocultural haya tenido otra causa, radicada en el mismo Chaco: la presencia de las comunidades guaikurúes que igualmente se encontraban en ese entonces en plena actividad expansiva. De tal modo, los lules estarían virtualmente encerrados en su hábitat, por lo cual buscaron una vía de escape hacia territorios menos conflictivos. Pero esta es una hipótesis.

En su proceso migratorio progresivo hacia el oeste los lules ejercían presión en el momento de la Conquista sobre la cultura tonocoté de Santiago del Estero; este hecho confundió a los cronistas que tomaron a ambas culturas como una sola, a la que denominaron xurí (avestruz), gentilicio con que los conquistadores llamaron a los lules.

Conformaban los lule-vilelas una cultura de cazadores y recolectores nómadas. Sin embargo, el padre Del Techo nos habla de dos clases de lules: unos nómadas, cazadores de jabalíes y recolectores de algarroba y miel en el interior del Chaco y otros sedentarios y agricultores en la parte de la Montaña e incluso en el curso superior del Bermejo.

Es indudable que en la época de la Conquista el sector en expansión de esta cultura había incorporado la agricultura como parte básica de su subsistencia diaria. Es por esta diferenciación y tomando en cuenta las influencias ejercidas por la región de la Montaña que algunos autores hablan de los lule-vilelas como de una cultura “andinizada”.

Relaciones  con lo sobrenatural

Son escasas las informaciones al respecto. La guerra desempeñaba un papel importante. Sabemos que eran guerreros feroces (algunas crónicas hablan de prácticas antropofágicas) que iban al combate pintados imitando al jaguar.

Utilizaron el cebil para predecir el destino de la comunidad y para las rogativas, que en general se limitaban al pedido de lluvias al ser supremo.

Relaciones con otras culturas

Por el panorama étnico esbozado en esta cultura vemos que los lulevilelas estuvieron en íntima relación con sus hermanos de la llanura chaqueña, especialmente con los mataco-mataguayos y los guaikurúes. Al mismo tiempo se relacionaron con los sedentarios y agricultores tonocotés por el oeste ya en el límite con la Montaña.

Por ser una cultura que ocupó una zona de clara transición, los lule-vilelas desplegaban una forma de vida no integrada e inclusive diferente según las parcialidades en un espectro que variaba de la agricultura a la caza y la recolección como modos de subsistencia primordiales.

Es importante que consignemos la opinión de Imbelloni para quien la cultura lule-vilela representa “la irradiación hacia el Chaco de corrientes procedentes de las Altas Civilizaciones de los Andes” por el hecho de que dichas comunidades muestran un cuadro de agricultores tardíos en la región.

Lo cierto es que esta cultura, típicamente chaqueña, abandonó en parte su territorio y migró por razones aún del todo no conocidas hasta la región de la Montaña. El contacto con las culturas de esa región provocó seguramente la incorporación de la técnica de la agricultura en algunos sectores de las parcialidades que se superpuso así a un substratum original cazador-recolector.

Fuente: Carlos Martínez SarasolaNuestros Paisanos los IndiosEd.Del Nuevo Extremo, 2011

Foto: Estatua de Leoncito, cacique Vilele

 

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