Los primeros americanos

Hace unos 30.000 años, cruzando desde Asia por el estrecho de Bering, en ese entonces
congelado, la planta de un hombre se hundió en el suelo americano por vez primera.
Detrás de él se encolumnaron las bandas de cazadores que persiguiendo a sus presas e
ingresaban sin saberlo en una nueva tierra y en otra historia. 

Más tarde, en un prolongado proceso de poblamiento, las sucesivas oleadas de grupos
humanos —cada vez más compactos— fueron penetrando a través del tiempo nuevos territorios
siempre vacíos de hombres, los ocuparon y los llenaron de vida y cultura.

La aventura del poblamiento de América había comenzado, y el hombre, con su innata
curiosidad y acosado por su cotidiana necesidad de alimento, continuó internándose en el nuevo
continente más y más, en esa tierra elegida, que miles de años después “descubriría para la
historia” otro hombre más famoso que estos desconocidos.

Así, los antepasados de las comunidades originarias llegaron hasta el territorio argentino en
una fecha próxima a los 12.000 años y ocuparon prácticamente todas las regiones. En el Extremo
Sur, se han encontrado vestigios de alrededor de 6000 años de antigüedad, de por lo menos dos
culturas de rudimentarios y aislados cazadores, ancestros de los yámana-alakaluf,
contemporáneos de los conquistadores españoles.

En la Patagonia se ha registrado que su fecha más antigua de ocupación fue hace 11.000 años, a
través del estudio de algunos de los sitios sobre los cuales se fueron produciendo a su vez nuevos
asentamientos, hasta aparecer los indicadores de una cultura cada vez más similar a la tehuelche
(hace aproximadamente unos 4000 años).

En el caso de la Montaña, podemos ubicar el poblamiento más antiguo en una fecha próxima a
los 8000 años (cultura Ayampitín y gruta de Inti Huasien las Sierras Centrales), por ejemplo, con
grupos de cazadores que probablemente participaron de una vasta tradición sudamericana, según
hallazgos muy semejantes en otros países como Perú.

Ese estadio cazador, que se desplegó con fuerza por las zonas montañosas, constituyó un
substratum sobre el cual nuevas oleadas humanas se fueron superponiendo, algunas de ellas
portadoras de la agricultura y el sedentarismo.

En cuanto al Nordeste, es posible que haya comenzado a ser ocupado hace más de 7000 años
por los primeros núcleos humanos que utilizaron para ello las gigantescas vías acuáticas como
medios de comunicación naturales.

Nuevos hallazgos arqueológicos probablemente modifiquen estas fechas, incluso llevándolas
más atrás en el tiempo. De todas maneras, hoy podemos asegurar que por lo menos hace 12.000
años los primeros hombres ocuparon el actual territorio argentino, dando lugar a desarrollos
culturales locales que finalizaron en el panorama que encontraron los conquistadores españoles
en el siglo XVI.

Ese cuadro humano de nítidos perfiles no era en consecuencia un producto espontáneo: más
de diez mil años de larga historia, trabajosamente transitada, constituyeron las raíces de nuestras
culturas originarias, cuyos artífices aún hoy son llamados respetuosamente por muchos de sus
descendientes “los antiguos”.

La entrada. El origen del hombre americano

No existe todavía mucha certeza acerca de cómo se pobló América, aunque sí contamos con
algunos datos. Sabemos, por ejemplo, que el hombre llegó a nuestro continente muy tardíamente
con respecto a su evolución, teniendo en cuenta que los primeros humanos aparecen en África
hace unos tres millones de años (Johanson, 1982). Desde este punto de vista el hombre en
América es un fenómeno nuevo.

Sabemos también que los distintos contingentes ingresaron al continente desde Asia en su gran
mayoría por el estrecho de Bering, por ese entonces congelado, que hizo las veces de un gigantesco
puente natural. Y sabemos también que ese paso, Bering, para algunos investigadores
probablemente no haya sido el único.

Paul Rivet, que desarrolló sus estudios entre 1943 y 1966, nos habla de dos vías fundamentales:
el estrecho de Bering, a través del cual habrían penetrado mongoles y esquimales, y el océano
Pacífico, por el cual habrían arribado australoides y malayo-polinesios[5].
Georges Montandon (1933) sugirió también la vía transpacífica, explicando que malayopolinesios
transportaron a australoides en calidad de esclavos, utilizando como punto intermedio
la isla de Pascua.

Mendes Correa (1925) fue aún más allá y nos dice que australo-tasmanoides se trasladaron a
través de la Antártida y penetraron por el sur de nuestro continente, luego de navegar entre los
archipiélagos del Pacífico sur con la posibilidad de un clima más benigno por aquellos tiempos. La
hipótesis de Mendes Correa, a la que le falta hasta el momento el sustento de la evidencia
arqueológica, es sugestiva.

Si bien Thor Heyerdhal (1947) no plantea la llegada del hombre a través del Pacífico, demostró
la factibilidad de la navegación en aquellos tiempos remotos, con la famosa balsa Kon Tiki,
creyendo que aborígenes americanos llegaron a la Polinesia.
Recientes estudios, sin embargo, estiman que el presunto poblamiento por vía Pacífico es poco
concebible, debido a las distancias enormes, las condiciones climáticas extremas y las evidencias
de una colonización de la Polinesia en zonas como Nueva Zelanda, Hawai y la isla de Pascua, hacia
los 3500 años.

Para Brian Fagan (1988) por ejemplo, el estrecho de Bering era la única ruta “lógica” para llegar
hasta América. Y así parece, ya que si nos guiamos por nuestros conocimientos actuales,
“Beringia”, puente de unión entre América y Siberia, parece haber sido casi la excluyente vía de
poblamiento de nuestro continente, cuando en algún momento que podría situarse entre los
30.000 y los 35.000 años, grupos de cazadores asentados en el nordeste extremo de Asia
decidieron ir todavía más allá, hacia el este, antes de que el mar separara las tierras para siempre

Fuente: Carlos Martínez Sarasola, Nuestros Paisanos los Indios, Ed.Del Nuevo Extremo, 2011