LOS TONOCOTÉS

La cultura tonocoté estuvo asentada en la parte centro-occidental de la actual provincia de Santiago del Estero, en una región llana al pie de la montaña, en la zona atravesada por los ríos Salado y Dulce.

Geográficamente es una zona encajonada entre el Chaco occidental, la montaña y las Sierras Centrales de Córdoba y San Luis por el sur. Pero desde el punto de vista cultural, estuvo íntimamente ligada a la región de la Montaña.

El panorama étnico-cultural de esta zona fue objeto durante varios años de arduos debates entre los especialistas, particularmente a partir de los hallazgos de los hermanos Emilio y Duncan Wagner y de la publicación de su libro «La civilización chaco-santiagueña y sus correlaciones con las del viejo y nuevo Mundo», en 1934.

Hoy, sin estar del todo dilucidada la cuestión, por lo menos contamos con una serie de elementos que nos permiten intentar una reconstrucción aproximada de esta cultura.

Como ya vimos, a la llegada de los conquistadores españoles esta cultura estaba siendo presionada por los lules. Ambas etnias fueron denominadas “juríes” por las primeras crónicas. Lo cierto es que a esa fecha, la región presentaba un cuadro altamente complejo y dinámico al que se sumaba la fuerte presencia diaguita como un tercer componente.

Acerca del origen de los tonocotés, en una reunión especial de la Sociedad Argentina de Antropología en 1939, se llegó a la conclusión de que los portadores de la “enigmática” cultura santiagueña eran de “origen Amazónico Andinizado o a la inversa”.

Sin quedar todavía claro el problema de la procedencia de estas comunidades al menos se definía su ligazón cultural con las culturas de la Montaña. Además se concluyó que “a mediados del siglo XVI dos pueblos distintos coexisten en la región santiagueña.

Al primero de ellos vieron los conquistadores hispanos asentado en las márgenes de los grandes ríos. Era agricultor y sedentario. El otro, de economía recolectora, asolaba y destruía al país. El elemento sedentario por su nivel de cultura pudo ser portador de la cultura chaco-santiagueña”.

El asentamiento a la vera de los ríos es de por sí un elemento diagnóstico para el supuesto origen amazónico de la cultura tonocoté. Agricultores de maíz, zapallo y porotos, se dedicaron con menor intensidad a la caza, pesca y recolección.

Aprovechaban el río de diversas formas y especialmente una bastante original por la cual se había construido una hoya de enormes dimensiones en que se cultivaba luego de que el río se secara. La hoya en época de crecida estaba anegada.

Característico de esta cultura es el emplazamiento de las viviendas en túmulos o mounds, la mayoría de ellos artificiales. A su vez, las viviendas estaban cercadas en su conjunto por una empalizada seguramente con fines defensivos. La empalizada es otro rasgo diagnóstico de las culturas de la selva sudamericana.

Las principales industrias eran el hilado, el tejido y la alfarería. Relaciones en el seno de la y con lo sobrenatural: Las informaciones con que contamos acerca de la organización comunitaria son escasísimas. En cuanto a lo sobrenatural sabemos que tenían en su cosmovisión a un ser supremo al que le ofrecían rogativas para los cultivos.

Es casi seguro que los tonocotés han estado en contacto amistoso con los diaguitas, no así con los lules, por quienes eran hostigados. Es posible que por esa razón se construyeran las aldeas con empalizadas como así también que el armamento sofisticado (puntas de flecha envenenadas) no fuera exclusivamente para la caza.

Es indudable que en el conjunto de la cultura existen una cantidad de elementos provenientes del área amazónica. Hasta aquí llegamos en nuestra interpretación de los datos y en la reconstrucción de la vida comunitaria. Más arriesgado es sostener lo que Canals Frau asevera cuando decididamente atribuye a los tonocotés origen arawak.

La expansión incaica y la penetración de la lengua quichua.

En general todos los investigadores coinciden en adjudicar a la penetración incaica en nuestro territorio consecuencias importantes para la vida de las comunidades del Noroeste. Sin embargo, lo que no se ha determinado aún fehacientemente es la forma de esa penetración.

Muchos elementos de juicio nos permiten suponer empero que una de las formas fue la introducción de la lengua como elemento de dominación. Incluso es también posible que la lengua se introdujera entre los caciques, chamanes y otros notables de la comunidad para posteriormente pasar al resto de ella.

Es indudable que los conquistadores y los misioneros utilizaron el quichua como “lengua franca” en el Noroeste con el objetivo de unificar la realidad lingüística regional y ver facilitados sus proyectos. Esto nos induce a pensar no solo que el quichua era una de las lenguas de mayor expansión en Sudamérica, sino que había penetrado en muchas regiones en las cuales estaba en vías de consolidación a la llegada de los españoles.

Valiéndose de estas argumentaciones, Emilio Christensen lanza la hipótesis de que en la época de la conquista existía en la actual Santiago del Estero “una comunidad sedentaria —distinta de sus convecinas— que en la época del arribo de los conquistadores españoles, daba los primeros pasos por el camino de la civilización; esa comunidad dependía del Cuzco y hablaba su idioma”.

La mesopotamia santiagueña fue, para este autor, el hábitat de esta comunidad de mitimaes desde la cual se habría iniciado un proceso de quichuización sobre las culturas vecinas.

Nosotros insistimos en el origen local de la cultura tonocoté, pero en todo caso hipótesis como la mencionada contribuyen a enriquecer un panorama que una vez más se nos aparece como esencialmente dinámico. 

El Noroeste, corazón de la región de la Montaña, bulle así en profundas relaciones interculturales, penetraciones bélicas o expansiones, ofreciendo en el siglo XVI una riquísima antropodinamia producto de los magníficos desarrollos que estaban alcanzando sus comunidades

Fuente: Carlos Martínez Sarasola, Nuestros Paisanos los Indios, Ed.Del Nuevo Extremo, 2011

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